Hay situaciones que no deberían suceder. Y mucho menos cuando hablamos de un niño que llega a una guardia con dolor y necesita ser atendido.
Una vecina de nuestra ciudad relató a La Verdad On Line una situación que genera preocupación y, como mínimo, merece una explicación.
Según contó, llevó a su hijo a la guardia de Pediatría por un fuerte dolor de oído. Allí le habrían informado que la médica se encontraba realizando una cesárea. La madre permaneció aproximadamente una hora esperando, pero —según su relato— el niño no fue atendido.
Ni siquiera una enfermera habría realizado una primera evaluación.
Ante esta situación, decidió tomar una determinación: trasladar a su hijo hasta 9 de Julio.
Según relató, allí fueron atendidos en aproximadamente diez minutos y el menor recibió la medicación correspondiente. (El médico le dio el frasco del antibiótico que debía tomar)
Entonces aparece una pregunta inevitable:
¿QUÉ ESTÁ FALLANDO?
Porque no estamos hablando de exigir privilegios ni de pretender una atención inmediata para cualquier consulta.
Estamos hablando de un niño que llega a una guardia y de la obligación de que, aunque el médico esté atendiendo otra emergencia, alguien del equipo pueda recibirlo, evaluar su estado y determinar la prioridad de atención.
Y si existe una demora, la familia merece una explicación clara y verdadera.
Desde este medio lo hemos dicho y lo seguimos sosteniendo: tenemos un gran hospital. Tenemos profesionales que trabajan todos los días y que muchas veces ponen todo de sí para atender a nuestra comunidad.
Pero también sostenemos que no alcanza con tener un buen hospital si la organización no está a la altura de las necesidades de los vecinos.
La salud necesita médicos, enfermeros, equipamiento e infraestructura.
Pero también necesita administración, coordinación, control y, sobre todo, humanidad.
Porque detrás de cada persona que llega a una guardia hay una familia preocupada. Y cuando se trata de un hijo, la angustia es todavía mayor.
No podemos naturalizar que una persona espere durante una hora sin que nadie evalúe a su hijo.
No podemos aceptar que una familia tenga que irse a otra ciudad buscando la atención que necesitaba en su propia comunidad.
Y tampoco podemos mirar para otro lado.
Si algo está funcionando mal, hay que corregirlo. Si falta personal, hay que decirlo. Si falta organización, hay que mejorarla. Y si hubo una mala atención, hay que asumirla y evitar que vuelva a ocurrir.
Este medio no pretende condenar a nadie a partir de un solo testimonio. Pero sí creemos que estas situaciones deben servir para abrir un debate serio.
Porque nuestro hospital merece ser cuidado.
Y nuestros vecinos también.
Podemos tener el mejor hospital, pero si cuando una familia llega con un niño enfermo no encuentra una respuesta, entonces todavía tenemos mucho por mejorar.
La salud no puede esperar.
Y mucho menos cuando se trata de nuestros chicos.
