La irresponsabilidad de algunos padres al regalar motos a menores de edad es una problemática que preocupa cada vez más en nuestras calles. En muchas ciudades es común ver adolescentes circulando en motocicletas sin la edad correspondiente, sin casco y sin experiencia, exponiéndose a graves riesgos y poniendo en peligro también la vida de terceros, nuestra ciudad no es la excepción.
La ley es clara: un joven puede comenzar a conducir a los 16 años únicamente con autorización de sus padres o tutores y cumpliendo con los requisitos establecidos para obtener la licencia.
Según la Ley de Tránsito 24.449
Sin embargo, hay familias que deciden adelantar esa responsabilidad y entregan una moto a chicos y chicas de apenas 14 o 15 años, muchas veces sin ningún tipo de control.
Regalar una motocicleta a un menor sin preparación ni madurez suficiente es un acto de enorme irresponsabilidad. Una moto no es un juguete ni un premio; mal utilizada puede convertirse en un arma capaz de provocar tragedias irreparables. La falta de experiencia, el exceso de confianza y la imprudencia propia de la adolescencia suelen ser una combinación peligrosa cuando se está al mando de un vehículo.
A esto se suma otro problema frecuente: menores conduciendo sin casco, realizando maniobras peligrosas, circulando a alta velocidad o utilizando escapes libres que generan contaminación sonora y alteran la tranquilidad de los vecinos. Muchas veces los propios padres conocen estas situaciones y aun así permiten que continúen.
La educación vial debe comenzar en el hogar. Los adultos tienen la responsabilidad de enseñar el valor de la vida, el respeto por las normas y la importancia de conducir con responsabilidad. No alcanza con comprar una moto; también es necesario acompañar, educar y poner límites.
Cada siniestro vial deja familias destruidas, jóvenes con secuelas de por vida y comunidades enteras golpeadas por tragedias que muchas veces pudieron evitarse. Por eso, antes de regalar una moto a un hijo menor de edad, los padres deberían preguntarse si realmente está preparado para asumir semejante responsabilidad.
Crear una verdadera cultura vial significa entender que cuidar la vida debe estar siempre por encima de cualquier capricho o regalo.
Porque muchas veces, detrás de un siniestro vial, hubo una decisión equivocada tomada mucho antes de salir a la calle.
